miércoles, 14 de enero de 2026

Vanguardia en la Pizarra: El Legado de Ángel Llorca y Luis López Dóriga

Para comprender el impacto real de Ángel Llorca y Luis López Dóriga, es necesario desglosar los mecanismos específicos que introdujeron en el sistema educativo español. Sus métodos no eran solo teóricos, sino herramientas de transformación social.

El método de Llorca en el Grupo Escolar Cervantes supuso una ruptura con la escuela tradicional memorística y autoritaria. Sus pilares pedagógicos se basaban en:

Inspirado por la Institución Libre de Enseñanza (ILE) y sus estancias con Piaget, Llorca entendía que el niño no era un recipiente vacío, sino un organismo vivo en desarrollo.

  • La Escuela como Hogar: Eliminó la rigidez de los pupitres fijos y fomentó espacios de convivencia. Las "Comunidades Familiares" que creó durante la guerra eran la extensión máxima de esta idea: educar en la afectividad y la responsabilidad compartida.

  • Observación Directa: Sustituyó el libro de texto único por la observación de la naturaleza y el entorno. El currículo se adaptaba a los intereses del alumno (centros de interés), una técnica que aprendió de Ovide Decroly.

Llorca no solo leyó a los psicólogos de Ginebra, sino que fue su alumno. Esto se tradujo en:

  • Psicología Evolutiva: La enseñanza respetaba los estadios del desarrollo del niño. No se forzaba el aprendizaje abstracto antes de que el alumno hubiera manipulado la realidad.

  • El Juego como Trabajo: Siguiendo a Claparède, Llorca implementó el juego no como recreo, sino como la actividad funcional más seria del niño, a través de la cual descubre las leyes del mundo físico y social.

Tras la Guerra Civil, la figura de Llorca fue objeto de una persecución sistemática por parte del nuevo régimen. La Comisión Depuradora del Magisterio no solo le inhabilitó a perpetuidad en 1940, sino que buscó borrar su huella intelectual. Se le acusó de "desviar" la educación hacia el laicismo y el socialismo. A pesar de su jubilación forzosa y la prohibición de sus libros, Llorca dedicó sus últimos dos años de vida al estudio solitario, falleciendo en 1942 en un Madrid que le había dado la espalda oficialmente, pero que mantenía vivo su recuerdo en los cientos de maestros que formó.

Aunque el perfil de López Dóriga es más académico y político, su contribución a la pedagogía se centra en la ética social y la democratización del saber.

Para Dóriga, la educación debía ser el motor de la soberanía popular. Su método pedagógico se centraba en:

  • La Sociología como Herramienta: Fue pionero en introducir el análisis sociológico en la formación de maestros. Defendía que un maestro no podía enseñar si no comprendía la realidad socioeconómica de su entorno.

  • Laicismo Ético y el Conflicto con la Iglesia: Su defensa de la separación Iglesia-Estado no era un ataque a la fe, sino una propuesta pedagógica basada en la libertad de conciencia. Creía que la moral debía basarse en la razón y la justicia social. Su enfrentamiento con la jerarquía se debió a su rechazo al control dogmático de la enseñanza, lo que le llevó a la excomunión por priorizar los derechos civiles y la soberanía del Estado sobre los privilegios eclesiásticos.

Tras su labor humanitaria en Perpignan, López Dóriga se exilió en México, país que acogió a gran parte de la intelectualidad republicana. Allí, lejos de abandonar su vocación, continuó su labor intelectual y docente. Su exilio no fue un silencio, sino un traslado de su lucha por el humanismo a tierras americanas, donde sus ideas sobre la sociología y el derecho siguieron influyendo en círculos académicos, manteniendo siempre su identidad como "maestro" por encima de sus antiguos cargos eclesiásticos o políticos.

López Dóriga utilizaba la cátedra para denunciar las desigualdades. Su pedagogía era "militante": enseñaba que el conocimiento era una herramienta de liberación para el obrero. Al opositar para maestro nacional siendo ya un intelectual de prestigio, demostró que la base del sistema educativo era la enseñanza primaria, dignificando la profesión docente por encima de los títulos académicos.

Tras décadas de silencio forzado durante la dictadura, la llegada de la democracia permitió iniciar procesos de recuperación de la memoria histórica y pedagógica de ambos maestros.

En la actualidad, el legado de Llorca se mantiene vivo gracias a la Fundación Ángel Llorca, que se dedica a la investigación y difusión de su obra pedagógica. Se han realizado numerosas exposiciones y publicaciones que reivindican su papel central en la renovación escolar. Además, varios centros educativos en Madrid llevan su nombre, simbolizando la devolución de su honor profesional. Su archivo personal, que sobrevivió oculto, es hoy una fuente esencial para entender la pedagogía de la ILE.

La figura de Luis López Dóriga ha sido objeto de estudio en congresos sobre el exilio republicano y la sociología en España. En Granada, se ha trabajado por recuperar su memoria como uno de los intelectuales más honestos y avanzados de su tiempo. Se le reconoce no solo su labor política y religiosa, sino su ejemplo de humildad al volver a las bases de la enseñanza primaria como maestro nacional. Su nombre aparece hoy ligado a estudios sobre la tolerancia religiosa y la libertad de cátedra.

Ambos maestros compartían una visión de la escuela como laboratorio de democracia.

  1. Llorca aportó la técnica, la psicología evolutiva y la organización escolar moderna.

  2. López Dóriga aportó el marco sociológico, la ética civil y la visión internacional del conocimiento.

Sus métodos buscaban crear individuos autónomos, capaces de pensar por sí mismos y de participar activamente en una sociedad moderna, un ideal que la dictadura posterior consideró peligroso, resultando en la inhabilitación de uno y el exilio del otro.

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