Hace unos años, durante mi etapa universitaria, una profesora de arte me abrió las puertas a un universo que transformaría mi visión de la enseñanza: la obra de María Acaso. A través de libros como Pedagogías invisibles y rEDUvolution, Acaso planteaba una ruptura necesaria con el modelo tradicional. Hoy, con la publicación de la obra Art Thinking, resulta más pertinente que nunca recuperar estos conceptos esenciales para el cambio de paradigma que la educación actual reclama a gritos.
Las pedagogías invisibles nacen de investigaciones doctorales que fusionan dos mundos aparentemente distantes pero intrínsecamente conectados: el Arte y la Educación. El punto de partida es la premisa del aprendizaje invisible: aquel conocimiento que adquirimos de forma inconsciente a través del espacio físico, el lenguaje no verbal o el currículum oculto.
Como bien define María Acaso, estas pedagogías son el "conjunto infinito e incontrolable de microdiscursos que suceden (o no) en un acto pedagógico, habitando un segundo plano latente que transforma la mente y el cuerpo de los participantes". Al visibilizar estos procesos, el docente deja de ser un mero transmisor para convertirse en un analista de su propia práctica.
Uno de los puntos críticos de esta propuesta es la urgencia de rediseñar los espacios educativos. Vivimos en una era de supuesta innovación metodológica donde, paradójicamente, seguimos encerrados en aulas diseñadas para el siglo XIX. Las pedagogías invisibles invitan a entender la arquitectura escolar no como un contenedor neutro, sino como un generador de aprendizaje. Si queremos fomentar inteligencias múltiples o trabajo cooperativo, no podemos hacerlo en filas de pupitres anclados al suelo.
Para que estas ideas no se queden en la abstracción, María Acaso propone la rEDUvolution, un término que fusiona "educación" y "revolución" para señalar que el sistema no necesita una reforma superficial, sino una transformación desde sus cimientos. Esta propuesta se articula en cinco ejes de acción:
Aceptar que lo que enseñamos no es lo que los alumnos aprenden: Romper con la ilusión de que el conocimiento se transfiere de forma lineal. Debemos centrarnos en el aprendizaje significativo y en cómo el estudiante procesa la información desde su subjetividad.
Sustituir la obediencia por el pensamiento crítico: La escuela tradicional premia al alumno que calla y obedece. La rEDUvolution busca ciudadanos que cuestionen, que duden y que tengan voz propia.
Habitar el aula (la importancia del cuerpo): El aprendizaje no solo sucede de cuello para arriba. Se trata de reconocer que alumnos y profesores tienen cuerpo, necesitan movimiento, contacto y un entorno físico que no sea hostil.
Pasar de la evaluación a la investigación: La obsesión por el examen y la nota numérica suele castrar la curiosidad. Se propone la evaluación como un proceso de investigación y autorreflexión donde el error sea una oportunidad de aprendizaje, no un castigo.
Romper los muros del aula: La educación sucede en todas partes. Se busca conectar la escuela con la vida real, con la comunidad y con otros saberes, eliminando las fronteras artificiales entre asignaturas.
En este camino de revolución educativa aparece el Art Thinking, una metodología que no busca enseñar arte, sino utilizar las estrategias del arte contemporáneo para enseñar cualquier materia (desde matemáticas hasta historia). Se trata de transformar la educación en una experiencia estética y de investigación.
El pensamiento divergente y crítico: Se abandona la idea de la "respuesta única". Se busca que el alumno no solo consuma información, sino que la cuestione, detectando sesgos y profundizando en la realidad.
La incorporación del placer (Estética): El sistema tradicional separa el aprendizaje del placer. El Art Thinking recupera la estética para despertar los sentidos y generar asombro.
El aprendizaje como producción cultural: El alumno deja de ser un espectador para convertirse en productor. El aula es un laboratorio donde se crean relatos con significado real.
El trabajo colaborativo: El conocimiento se construye en diálogo constante con los demás, formando una verdadera comunidad de aprendizaje.
El profesor como comisario/artista: El docente diseña experiencias y selecciona estímulos, acompañando el proceso de descubrimiento.
Para entender cómo esta metodología rompe con la asignatura de "plástica" tradicional, veamos cómo se aplica en otras áreas del saber:
Matemáticas y Geometría: En lugar de memorizar fórmulas, se puede utilizar el Land Art para comprender las proporciones y el espacio mediante intervenciones reales en el entorno escolar.
Historia y Memoria: El estudio de un conflicto puede abordarse mediante la creación de un "archivo de objetos encontrados", desarrollando empatía y pensamiento crítico sobre el dolor o la propaganda.
Ciencias Naturales y Biología: El aula se convierte en un gabinete de curiosidades donde la fotografía o el dibujo científico sirven como herramientas de observación profunda del entorno local.
El Art Thinking y la rEDUvolution convergen directamente con la neuroeducación. Al apelar a la emoción y a la sorpresa, se activan los mecanismos cerebrales que fijan el conocimiento. Como se suele decir: "el cerebro solo aprende si hay emoción".
Tristemente, el panorama legislativo parece caminar en la dirección opuesta. Leyes como la LOMCE (Ley Wert) han reducido las horas de educación artística. Al eliminar el arte, se decapita el pensamiento crítico favoreciendo intereses que prefieren ciudadanos dóciles. Sin embargo, ejemplos como el Mupai (Museo Pedagógico de Arte Infantil) nos demuestran que el cambio es posible cuando el aula deja de ser un espacio de repetición para ser un laboratorio de vida.
Es hora de que toda persona que desarrolle un acto pedagógico reflexione sobre sus pedagogías invisibles. El arte no es un adorno; es el motor para que la educación deje de ser un simulacro y se convierta en una experiencia de vida transformadora.
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