María de la O Lejárraga García (1874-1974) fue mucho más que una escritora; fue una fuerza intelectual, una pionera del feminismo y una figura política clave en la España de la Segunda República. Sin embargo, su nombre permaneció oculto durante décadas tras el seudónimo de su marido, Gregorio Martínez Sierra, en uno de los casos de "criptoginia" (ocultación de la autoría femenina) más notables de la historia literaria.
Nacida en La Rioja y formada en Madrid bajo las ideas de la Institución Libre de Enseñanza, María comenzó su carrera como maestra. Su formación pedagógica y su dominio de varios idiomas la convirtieron en una mediadora cultural esencial, traduciendo obras europeas y fundando revistas modernistas fundamentales como Helios y Renacimiento junto a figuras de la talla de Juan Ramón Jiménez.
En 1899 publicó su único libro con su nombre real, Cuentos breves. La fría acogida de su familia y los prejuicios de la época la llevaron a adoptar el nombre de su esposo para sus futuras publicaciones. Bajo esta firma, nacieron éxitos mundiales como "Canción de cuna" (Premio de la RAE en 1911) y libretos magistrales como el de "El amor brujo" de Manuel de Falla.
Durante años, el binomio "Martínez Sierra" fue sinónimo de éxito en los escenarios de España, Europa y América. Aunque Gregorio era la cara pública y el director de escena, era María quien redactaba los textos. Su pluma no solo creó dramas y comedias, sino que también colaboró con grandes compositores como Turina y Usandizaga.
A pesar de que el matrimonio se separó en la intimidad cuando Gregorio inició una relación con la actriz Catalina Bárcena, María continuó enviándole manuscritos desde su retiro en Niza, manteniendo el pacto de silencio para proteger el sustento económico de ambos y la marca comercial que habían creado.
María de la O Lejárraga fue una feminista incansable. Sus obras como Cartas a las mujeres de España (1914) y Feminismo, feminidad y españolismo (1917) sentaron las bases de su pensamiento: la lucha por la igualdad civil y política de la mujer.
Con la llegada de la Segunda República, su compromiso se trasladó a la esfera pública:
Fue una de las fundadoras del Lyceum Club Femenino.
Se afilió al PSOE en 1931.
Fue elegida Diputada al Congreso por Granada en 1933.
Durante la Guerra Civil, desempeñó cargos diplomáticos para la República en Suiza y Francia.
Tras la derrota republicana, María emprendió un largo exilio que la llevó por Francia, México y finalmente Argentina. No fue hasta después de la muerte de Gregorio en 1947, y ante la necesidad de reclamar sus derechos de autor para sobrevivir, cuando empezó a publicar bajo el nombre de María Martínez Sierra.
En sus memorias, Gregorio y yo y Una mujer por caminos de España, relató su verdad, aunque siempre con una generosidad hacia su exmarido que todavía hoy sorprende a los historiadores. Como anécdota curiosa de su etapa final, envió un guion a Walt Disney titulado Merlín y Viviana; tras ser rechazado, años después observó con amargura las similitudes de su historia con el clásico La dama y el vagabundo.
María de la O Lejárraga murió en Buenos Aires en 1974, pocos meses antes de cumplir 100 años. Su figura representa la lucha de una generación de mujeres brillantes que tuvieron que elegir entre el silencio para ser escuchadas o el anonimato para ser libres. Hoy, su legado ha sido rescatado del olvido, devolviéndole el lugar que siempre le correspondió en el canon de las letras españolas.
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