jueves, 15 de enero de 2026

Maestros de la Libertad: Las Vidas de Ernesto Fenollosa y Eliseo Gómez Serrano

La historia de la educación en España tiene una deuda pendiente con una generación de docentes que, durante la Segunda República, entendieron la enseñanza no solo como una profesión, sino como un compromiso civil para transformar el país. Entre estos nombres destacan figuras como Ernesto Fenollosa y Eliseo Gómez Serrano, cuyas trayectorias simbolizan el auge del ideal pedagógico republicano y el trágico destino que muchos sufrieron tras el fin de la Guerra Civil.

Ernesto Fenollosa personifica la perseverancia del maestro de vocación frente a la adversidad política. Nacido con una profunda inclinación hacia el servicio público, Fenollosa forjó su camino académico con esfuerzo, aprobando el bachillerato como alumno libre en Castellón para posteriormente cursar la licenciatura de Magisterio. Su doble faceta como educador y político socialista le situó en la vanguardia del cambio social de su época.

Sin embargo, el fin de la contienda civil en 1939 truncó su carrera de forma abrupta. Como ocurrió con miles de intelectuales y profesionales vinculados a la República, Fenollosa fue detenido por las nuevas autoridades. Lo que siguió fue un proceso de "depuración de maestros", un mecanismo sistemático del régimen franquista diseñado para purgar de las aulas cualquier rastro de ideología progresista o laica.

A pesar de recuperar su libertad física, Fenollosa sufrió una "muerte civil" profesional: se le prohibió ejercer la docencia durante décadas. No fue hasta dos años después de la muerte de Franco, en pleno proceso de Transición, cuando finalmente fue rehabilitado como educador. Su historia es un recordatorio de la longevidad del castigo ideológico y la dignidad de quienes esperaron décadas para ver restaurado su honor profesional.

Eliseo Gómez Serrano, hermano del célebre intelectual Nicolau Primitiu Gómez Serrano, representa la excelencia académica y el activismo institucional. Su formación fue de primer nivel, estudiando magisterio en Valencia y Madrid, lo que le permitió acceder en 1915 a una plaza de profesor de Geografía e Historia en la Escuela Normal de Alicante. Su capacidad de gestión y su prestigio pedagógico le llevaron a dirigir dicha institución entre 1931 y 1934, años clave para la reforma educativa en España.

Gómez Serrano no se limitó a la academia; entendió que la educación requería de infraestructuras dignas. Tras ser elegido concejal del Ayuntamiento de Alicante en las históricas elecciones de 1931, utilizó su cargo político para promover incansablemente la construcción de nuevos centros escolares. Para él, la República se construía ladrillo a ladrillo, aula a aula.

Lamentablemente, su prominencia política y su firme defensa de los valores republicanos le convirtieron en un objetivo prioritario para la represión. Al acabar la guerra, fue detenido y sometido a un juicio sumarísimo. A diferencia de otros compañeros que partieron al exilio o sufrieron la inhabilitación, Gómez Serrano fue condenado a muerte. Su ejecución en 1939 supuso una pérdida irreparable para el magisterio valenciano y alicantino, convirtiéndolo en un mártir de la escuela pública.

Aunque sus destinos finales fueron distintos —uno marcado por el silencio forzado y la rehabilitación tardía, y el otro por la ejecución inmediata—, tanto Fenollosa como Gómez Serrano compartían una misma visión: la convicción de que solo una sociedad educada podría ser verdaderamente libre.

Hoy, recordar sus nombres es un acto de justicia histórica. Sus vidas nos hablan de una España que apostó por la cultura como motor de progreso y del alto precio que pagaron aquellos que se atrevieron a enseñar a pensar en tiempos de oscuridad. La memoria de estos maestros sigue viva en cada escuela que defiende la libertad, la igualdad y el derecho universal al conocimiento.

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