Entre 1926 y 1939, Madrid albergó una de las instituciones más trascendentales para la historia del feminismo y la cultura española: el Lyceum Club Femenino. Ubicado originalmente en la emblemática Casa de las Siete Chimeneas, este club no solo fue un lugar de encuentro, sino un motor de cambio social que desafió los convencionalismos de una época que aún relegaba a la mujer al ámbito doméstico.
Inspirado en los modelos internacionales (el primero fundado en Londres en 1904 por Constance Smedley-Armfield), el Lyceum madrileño fue impulsado por la pedagoga María de Maeztu. Su objetivo era claro: defender los intereses de las mujeres, facilitar su desarrollo educativo, cultural y profesional, y promover la organización de obras sociales.
Aunque el club nació en un entorno de élite sociocultural, su impacto fue transversal. Para ser socia, se requería haber realizado estudios superiores o haberse destacado en las artes, las letras o causas sociales. Aunque se autodefinía como aconfesional y apolítico, su mera existencia fue un acto político que incomodó a los sectores más conservadores de la sociedad, quienes lo apodaron despectivamente como "el club de las maridas".
El Lyceum Club fue el hogar intelectual de figuras que hoy consideramos fundamentales en la historia de España. Bajo la presidencia de María de Maeztu, la directiva contaba con nombres como Victoria Kent, Isabel Oyarzábal, Zenobia Camprubí y Amalia Galárraga.
Entre sus pasillos y secciones (dedicadas a Literatura, Música, Ciencias y Artes) se movían mujeres de la talla de:
Clara Campoamor, defensora del sufragio femenino.
Elena Fortún, creadora de la célebre saga de Celia.
Ernestina de Champourcín y Concha Méndez, integrantes de la Generación del 27 (conocidas como "Las Sinsombrero").
Victorina Durán, escenógrafa y pionera en la visibilidad de la orientación sexual femenina.
El club era un hervidero de actividad. Allí, Federico García Lorca leyó por primera vez fragmentos de Poeta en Nueva York, y Unamuno presentó sus obras dramáticas. Sin embargo, no todo fue armonía; figuras como Jacinto Benavente declinaron invitaciones con comentarios misóginos, y sectores religiosos criticaron duramente la autonomía de estas mujeres.
Más allá del arte, el Lyceum tuvo un papel jurídico crucial. A través de sus seminarios de Derecho, mujeres como Victoria Kent y Matilde Huici analizaron y propusieron reformas al Código Civil para mejorar la situación legal de la mujer. También impulsaron iniciativas prácticas como la "Casa de los Niños", una escuela infantil para hijos de mujeres trabajadoras.
La Guerra Civil española y la posterior dictadura marcaron el fin de esta etapa dorada. En 1939, el club fue desmantelado y sus instalaciones fueron ocupadas por el "Club Medina" de la Sección Femenina. La mayoría de sus socias partieron al exilio, llevando consigo el espíritu de libertad que habían cultivado en Madrid.
Hoy, el Lyceum Club Femenino es recordado como el primer gran espacio de libertad para la mujer en España. En 2017, el Ayuntamiento de Madrid instaló una placa conmemorativa en la Casa de las Siete Chimeneas, reconociendo finalmente la labor de aquellas mujeres que, con su inteligencia y determinación, pavimentaron el camino hacia la igualdad moderna.