La Federación de Trabajadores de la Enseñanza (FETE), integrada históricamente en la Unión General de Trabajadores (UGT), ha representado durante más de cien años la voz de los profesionales de la educación en España. Su trayectoria no es solo la crónica de un sindicato, sino el reflejo de las profundas transformaciones sociales, políticas y pedagógicas que han dado forma al sistema educativo español contemporáneo.
Aunque sus raíces se remontan a la Asociación General de Maestros (AGM) fundada en 1912, la FETE como tal nació oficialmente en abril de 1931, coincidiendo con la proclamación de la Segunda República. En junio de ese mismo año, durante una asamblea en la Casa del Pueblo de Madrid, la organización consolidó su estructura nacional, unificando diversos sectores de la enseñanza bajo una única bandera de progreso.
Durante este periodo, la FETE se convirtió en el motor ideológico y técnico de las reformas educativas republicanas. Sus principios eran ambiciosos y disruptivos para la época:
Defensa de una escuela laica, pública y gratuita: Se buscaba separar la educación de la influencia religiosa, garantizando que el Estado fuera el único garante del derecho universal al saber.
La educación como herramienta de igualdad social: El sindicato promovió las "Misiones Pedagógicas" y otras iniciativas para llevar la cultura a las zonas rurales más olvidadas de España.
Dignificación del profesorado: La FETE no solo luchó por mejores salarios, sino por una formación docente rigurosa, entendiendo que el maestro era el pilar fundamental sobre el que se construiría la nueva democracia.
Coeducación: Fue una defensora firme de la educación mixta, rompiendo con la segregación por sexos que predominaba anteriormente.
Con el estallido de la Guerra Civil en 1936, la FETE asumió un papel protagonista que trascendió lo puramente laboral. En el frente, muchos de sus miembros formaron parte de las Milicias de la Cultura, alfabetizando a los combatientes en las trincheras. En la retaguardia, el sindicato trabajó incansablemente para mantener el funcionamiento de las escuelas bajo el asedio y organizar la evacuación de niños hacia zonas seguras.
Sin embargo, tras la victoria franquista en 1939, el activismo de la FETE fue castigado con una severidad extrema. La Ley de Responsabilidades Políticas y el proceso de depuración del magisterio supusieron:
La desmantelación total de sus infraestructuras: Sus bienes fueron incautados y su patrimonio histórico dispersado o destruido.
La represión de sus militantes: Miles de maestros y profesores fueron encarcelados, ejecutados o forzados al exilio exterior (especialmente en México y Francia) e interior (apartados de la enseñanza de por vida).
El silencio forzado: Durante casi cuarenta años, la FETE solo existió en la clandestinidad y en los congresos celebrados en el exilio, manteniendo viva la llama de la educación republicana desde la distancia.
La reconstrucción del sindicato en territorio español comenzó a gestarse en la década de los 70. Un hito fundamental fue el V Congreso celebrado en Cádiz en 1976, un evento semiclandestino que marcó el inicio de la transición sindical. Con la legalización de los sindicatos en 1977, la FETE-UGT emergió con fuerza, recuperando su posición como referente en el sector educativo.
A lo largo de las décadas de democracia, la FETE-UGT fue un actor indispensable en la negociación de las grandes leyes orgánicas (LODE, LOGSE, LOE) y los convenios colectivos. Su estrategia se diversificó en tres pilares:
Universalidad y Calidad: La lucha por un sistema educativo que compensara las desigualdades de origen, garantizando que el código postal de un alumno no determinara su futuro académico.
Derechos Laborales y Salud: Pioneros en denunciar el estrés docente y el "burnout", además de trabajar por la estabilidad de las plantillas de interinos y la mejora de las infraestructuras escolares.
Dimensión Internacional: Como miembro fundador de la Internacional de la Educación (IE), la FETE extendió su solidaridad a docentes de América Latina y otras regiones, defendiendo el derecho a la educación como un derecho humano global.
En mayo de 2016, tras una profunda reflexión estratégica, la FETE celebró su XVII Congreso Federal en Madrid. En este foro se aprobó su disolución orgánica para dar paso a una estructura más eficiente y potente: el Sector de Enseñanza dentro de la nueva Federación de Empleados y Empleadas de los Servicios Públicos (FeSP-UGT).
Esta integración no supuso un abandono de sus principios, sino un fortalecimiento de los mismos. Al unir fuerzas con otros sectores públicos (sanidad, justicia, administración), la organización ganó capacidad de presión para defender los servicios esenciales frente a los recortes y las privatizaciones.
Hoy en día, el Sector de Enseñanza de UGT sigue enfrentando retos contemporáneos como la digitalización educativa, la inclusión de la diversidad en las aulas y la sostenibilidad, manteniendo siempre viva la convicción de que solo a través de la educación pública se puede construir una ciudadanía crítica, libre y solidaria.
Datos de interés cronológico:
1912-1919: Etapa germinal con la Asociación General de Maestros.
1931: Transformación en la FETE y consolidación durante la II República.
1939-1976: Periodo de resistencia en la clandestinidad y el exilio.
1977: Legalización e inicio de la etapa democrática moderna.
2016: Integración en la FeSP-UGT para unificar la defensa de lo público.