El periodo comprendido entre la inauguración del edificio de la calle Miguel Ángel en 1910 y el inicio de la Guerra Civil en 1936 es conocido como la "Edad de Plata" de la cultura española. Durante estos años, el Instituto Internacional de Madrid no fue un mero observador, sino un motor de cambio fundamental, especialmente en la educación femenina y la profesionalización de la mujer.
Bajo la dirección de Susan Huntington, el Instituto consolidó su sede definitiva. A diferencia de las instituciones españolas de la época, el edificio fue diseñado siguiendo los estándares de los colleges estadounidenses:
Laboratorios de Ciencia: En una época donde las mujeres tenían prohibido o muy limitado el acceso a los laboratorios universitarios, el Instituto, bajo la supervisión de Mary Louise Foster, creó laboratorios de química y biología de última generación.
La Biblioteca: Se convirtió en el corazón de la institución, introduciendo en España el sistema de catalogación de Dewey y formando a las primeras bibliotecarias profesionales del país.
En 1915, la Junta para Ampliación de Estudios (JAE) fundó la Residencia de Señoritas, la versión femenina de la famosa Residencia de Estudiantes. El Instituto Internacional fue su principal aliado:
Espacio y Recursos: El Instituto alquiló sus edificios a la Residencia y compartió laboratorios y aulas. Esta simbiosis permitió que jóvenes de toda España llegaran a Madrid para realizar estudios universitarios.
Intercambio Académico: Se estableció un programa de becas con universidades de élite de EE. UU. (Seven Sisters), trayendo a profesoras estadounidenses y enviando a pioneras españolas a estudiar al extranjero.
Deportes y Salud: El Instituto introdujo la práctica del baloncesto, el tenis y el hockey para mujeres, rompiendo el estigma de que el ejercicio físico era "poco femenino".
En 1926, dentro de las instalaciones del Instituto, nació el Lyceum Club Femenino, presidido por María de Maeztu y con figuras como Victoria Kent y Clara Campoamor en sus filas.
Un Refugio de Libertad: Era un espacio donde las mujeres podían reunirse sin la tutela de maridos o padres para discutir sobre literatura, política y derechos civiles.
Impacto Social: Desde aquí se impulsaron debates cruciales para la futura República, como el derecho al voto femenino y la reforma del Código Civil.
El Instituto también fue clave en la creación del Instituto-Escuela, un experimento pedagógico que eliminaba los exámenes memorísticos, fomentaba la curiosidad y la coeducación. El personal del Instituto Internacional se encargaba de las clases de inglés y de la supervisión de los juegos y la vida social de las alumnas, aplicando métodos de enseñanza activa que eran revolucionarios en la España de los años 20.
Hacia 1930, el centro ya recibía a los primeros grupos de estudiantes juniors de EE. UU., consolidándose como el centro neurálgico del hispanismo. Sin embargo, toda esta efervescencia se detuvo abruptamente en julio de 1936. Lo que quedó de este periodo fue una generación de mujeres —las llamadas "Sinsombrero" y las universitarias de la República— que debieron su formación, en gran medida, al espíritu liberal y cosmopolita que se respiraba en las aulas de la calle Miguel Ángel.
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