La historia de la educación en España no se explica sin la figura de aquellos docentes que, formados en los ideales de renovación pedagógica de principios del siglo XX, dedicaron su vida a transformar la sociedad desde las aulas. Uno de los exponentes más destacados en el ámbito vasco fue Juan Manuel Sánchez Marcos, cuya trayectoria profesional personifica la excelencia, la resiliencia y la entrega al magisterio.
Originario de Salamanca, Sánchez Marcos inició su camino en la docencia a una edad temprana. Ingresó en la Escuela Normal de Salamanca con apenas 14 años, culminando sus estudios a los 18 con la calificación de sobresaliente. Su carrera comenzó con interinidades en Beleña y Morota, pero su ambición intelectual le llevó pronto más allá de sus fronteras provinciales.
En un esfuerzo constante por la mejora profesional, a los 21 años obtuvo una beca de la Dirección General de Primera Enseñanza para formarse en la Escuela Modelo de Párvulos de Madrid, centro de vanguardia vinculado a la Escuela Normal Superior. Fue en la capital donde, en 1915, aprobó las oposiciones a Maestro Nacional, eligiendo Bilbao como el destino que marcaría el resto de su vida.
La relación de Sánchez Marcos con Madrid fue recurrente y estratégica para su ascenso profesional. En 1920, el Ministerio de Instrucción Pública lo seleccionó para una ampliación de estudios, un reconocimiento a su ya notable dedicación.
Sin embargo, el hito más significativo de su formación académica llegó en 1923, cuando obtuvo el título de Maestro de Primera Enseñanza Normal en la Escuela de Estudios Superiores de Magisterio de Madrid. Esta institución, fundada en 1909, era el epicentro de la renovación pedagógica en España, destinada a formar a la élite del profesorado y a los futuros inspectores. No satisfecho con ello, en 1927 obtuvo también el título de Bachiller en Bilbao, lo que le permitió acceder a la dirección de la Escuela Nacional del distrito de La Concha.
Durante sus estancias en Madrid conoció a Pilar Ruiz, también maestra nacional. Aunque Pilar inicialmente planeaba emigrar a Francia debido a su descontento con las carencias del sistema educativo español, su unión con Juan Manuel la llevó a establecerse en Riva de Ruesga y, posteriormente, en las escuelas de Olabeaga y La Concha en Bilbao, consolidando ambos un proyecto de vida dedicado a la enseñanza pública.
El estallido de la Guerra Civil puso a prueba su ética profesional. Sánchez Marcos permaneció en Bilbao, donde demostró su faceta más humanitaria mediante el voluntariado en la denominada "escuela de heridos".
Con la caída de Bilbao y la llegada del régimen franquista, sufrió el traumático proceso de depuración del magisterio. Fue denunciado por un antiguo colega —a quien Sánchez Marcos había expedientado previamente por apropiación indebida—, lo que derivó en su persecución y cese. Solo gracias al apoyo de figuras de la Iglesia logró revertir su situación. Lejos de guardar rencor, en sus años de madurez utilizó su posición para ayudar a otros compañeros que también habían sido represaliados por motivos políticos.
En 1946, tras ser nombrado inspector, fue destinado a Valladolid, pero su vínculo con el País Vasco era tan fuerte que solicitó el traslado inmediato a Vizcaya, donde ejerció hasta su fallecimiento.
Su labor fue ingente y multifacética:
Coordinador de Educación Primaria en Vizcaya.
Inspector de Educación, velando por la calidad docente.
Divulgador, a través de conferencias y artículos pedagógicos.
Formador de formadores, elevando el nivel del magisterio nacional en la región.
Tras su muerte, la ciudad de Bilbao rindió homenaje a su incansable labor renombrando las escuelas de La Concha como Colegio Público Juan Manuel Sánchez Marcos. Hoy, su nombre permanece ligado a la institución que dirigió, recordando a las nuevas generaciones el valor de un maestro que, por encima de las vicisitudes políticas, puso la educación y la ética como pilares fundamentales de su existencia.
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