sábado, 28 de febrero de 2026

La Mancomunidad de Cataluña: El Primer Paso hacia la Autonomía Moderna

La Mancomunidad de Cataluña (Mancomunitat de Catalunya) fue una institución que, entre 1914 y 1925, agrupó las funciones administrativas de las cuatro diputaciones provinciales de Cataluña. Aunque su poder era puramente administrativo y carecía de facultades legislativas, representó el primer reconocimiento institucional de la personalidad de Cataluña dentro del Estado español desde 1714.

La Mancomunidad nació de la persistencia del movimiento catalanista, liderado por la Lliga Regionalista. Tras años de negociaciones con el Gobierno central, fue autorizada por un real decreto de Eduardo Dato en 1913.

Sus dos grandes presidentes fueron:

  1. Enric Prat de la Riba (1914-1917): El gran ideólogo que sentó las bases de la institución bajo el lema de "hacer país" (fer país), dotando a Cataluña de estructuras de estado.

  2. Josep Puig i Cadafalch (1917-1923): Arquitecto y político que continuó la labor de expansión de servicios e infraestructuras hasta el golpe de Estado de Primo de Rivera.

El pilar maestro de la Mancomunidad fue su proyecto cultural y educativo, profundamente ligado al Noucentisme. Este movimiento buscaba la modernización de la sociedad catalana a través del orden, el civismo y el europeísmo.

Uno de los hitos más trascendentales fue la oficialización y normativización de la lengua catalana, una tarea que recayó sobre la figura de Pompeu Fabra i Poch (1868-1948). Ingeniero industrial de formación, Fabra aplicó un rigor científico y estructurado a la lingüística, lo que le valió el sobrenombre del "seny ordenador" de la lengua.

A través del Instituto de Estudios Catalanes (IEC), Fabra lideró una reforma técnica sin precedentes para depurar el catalán de castellanismos y arcaísmos, dotándolo de las herramientas necesarias para la vida moderna:

  • 1913: Publicación de las Normas ortográficas, que unificaron la escritura del catalán.

  • 1917: Salida a la luz del Diccionario ortográfico.

  • 1918: Publicación de la Gramática catalana, adoptada como oficial por la Mancomunidad.

Para la institución, la labor de Fabra no era solo cultural; era una infraestructura tan vital como el teléfono o el ferrocarril, pues permitía una administración unificada y una educación cohesiva.

La Mancomunidad introdujo métodos pedagógicos de vanguardia y creó instituciones clave que aún hoy son referentes:

  • Escuela de Bibliotecarias: Creada para profesionalizar la gestión de la cultura y garantizar que las bibliotecas estuvieran a cargo de personal formado.

  • Escuela de Verano (Escola d'Estiu): Una iniciativa pionera para la formación continua de los maestros, difundiendo las nuevas corrientes pedagógicas europeas (como el método Montessori).

  • Consejo de Pedagogía: Organismo encargado de coordinar la renovación de los planes de estudio y asegurar la calidad de la enseñanza.

Para responder a las necesidades de una Cataluña industrializada, se impulsó la Universidad Industrial en Barcelona, que albergaba escuelas como:

  • Escuela del Trabajo: Destinada a la formación de artesanos y obreros especializados.

  • Escuela de Directores de Industrias Textiles y Químicas: Para formar a los cuadros técnicos de la industria.

  • Escuela de Bellos Oficios: Enfocada en la aplicación de la estética noucentista a las artes decorativas.

Se profesionalizó la sanidad pública, creando institutos para combatir enfermedades como la tuberculosis y mejorando los centros de sanidad para convertirlos en hospitales modernos. En el campo, se fomentó el cooperativismo y las escuelas de agricultura.

La vida de la Mancomunidad fue truncada por el golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923. La dictadura veía en esta autonomía un peligro para la unidad nacional. Tras un proceso de intervención, fue finalmente disuelta en 1925. Pompeu Fabra, tras la Guerra Civil, moriría años después en el exilio, convertido en un símbolo de la resistencia cultural.

El espíritu de la Mancomunidad sobrevivió como un referente de gestión eficiente. La labor del IEC, la Universidad Industrial y la normativización de Fabra sentaron las bases que décadas más tarde recogería la Generalitat de Catalunya.

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