sábado, 21 de febrero de 2026

Del Aula al Mediterráneo: El experimento pedagógico que unió a una generación.

En el verano de 1933, mientras Europa se asomaba a cambios políticos convulsos, España protagonizaba uno de los experimentos educativos más fascinantes de su historia. El Crucero Universitario por el Mediterráneo no fue solo un viaje de estudios; fue la materialización de los ideales de la Segunda República y la Institución Libre de Enseñanza (ILE) en su búsqueda por modernizar la cultura española.

Bajo el impulso de Manuel García Morente, decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Madrid, y con el apoyo del Ministro de Instrucción Pública, Fernando de los Ríos, el proyecto buscaba romper los muros de las aulas convencionales. La idea era simple pero revolucionaria: estudiar los orígenes de la civilización clásica in situ, convirtiendo un buque en un centro de formación humanista.

El 15 de junio de 1933, el motonave "Ciudad de Cádiz" zarpó del puerto de Barcelona bajo el mando del capitán Jaume Gelpí Verdaguer. A bordo viajaban cerca de doscientas personas, incluyendo catedráticos consagrados y estudiantes que, con el tiempo, se convertirían en figuras clave de la cultura española.

Durante 48 días, el barco recorrió los puntos neurálgicos de la historia mediterránea:

  • Norte de África: Túnez, Susa y Alejandría.

  • Tierra Santa y Oriente: Haifa, Rodas, Esmirna y Constantinopla.

  • Grecia y los Balcanes: Atenas, Salónica, Creta, Micenas y Delfos.

  • Italia y España: Nápoles, Sicilia y Palma de Mallorca.

Lo que hizo único a este crucero fue la calidad de sus pasajeros. Entre los profesores y alumnos se encontraban nombres que hoy son pilares del saber:

  • Maestros: Manuel Gómez-Moreno (arqueología), Elías Tormo (historia del arte), Antonio García y Bellido y el filósofo Juan Zaragüeta.

  • Jóvenes promesas: El poeta Salvador Espriu, el historiador Jaime Vicens Vives, el arquitecto Fernando Chueca Goitia, el filósofo Julián Marías y la escritora Isabel García Lorca (hermana del poeta Federico García Lorca).

El crucero representó el espíritu de la Edad de Plata de la cultura española. Las clases no eran magistrales, sino diálogos frente a las ruinas del Partenón o debates en la cubierta del barco bajo las estrellas. Se fomentó un ambiente de convivencia laica, mixta (participaron muchas mujeres estudiantes, algo poco común en la época) y profundamente cosmopolita.

Este viaje también fue la semilla de proyectos futuros. Se dice que las conversaciones entre Juan Zaragüeta y un joven Miguel de la Quadra-Salcedo años después inspiraron la creación de la Ruta Quetzal.

Pocos años después de este hito, la Guerra Civil Española dispersaría a esta generación por el exilio o el silencio. Sin embargo, el Crucero de 1933 sobrevive en la memoria colectiva como el símbolo de una España que apostó por la educación, la apertura al mundo y el respeto por el patrimonio común de la humanidad.

Hoy en día, las colecciones fotográficas de Pascual Bravo y los diarios de los alumnos siguen siendo el testimonio vivo de aquellos 48 días en los que el Mediterráneo fue, más que nunca, un mar de conocimiento.

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