El Enfoque del Liberador, dentro de la clasificación pedagógica, representa una de las visiones más ambiciosas de la educación. Su objetivo central no es la acumulación de información ni el bienestar emocional per se, sino la emancipación intelectual del estudiante.
A diferencia del enfoque ejecutivo (que busca eficiencia), el liberador busca que el alumno acceda a las grandes ideas y estructuras de pensamiento de la humanidad. El conocimiento se ve como una herramienta para:
Cuestionar prejuicios y estereotipos.
Entender la complejidad del mundo.
Desarrollar un juicio independiente y crítico.
En este enfoque, el profesor no es un simple gestor de clase, sino un ejemplar de la disciplina.
Pasión por el saber: El docente demuestra cómo un experto se apasiona por su área.
Rigor metodológico: Enseña no solo "qué" saber, sino "cómo" se llega a ese saber (el método científico, la crítica histórica, la lógica matemática).
Provocador: Lanza preguntas que desafían las verdades establecidas de los alumnos.
El currículo no se ve como una lista de temas para un examen, sino como un mapa para entender la realidad. Para que un contenido sea "liberador", debe ser:
Significativo: Debe tener el potencial de transformar la visión del mundo del alumno.
Problematizador: Se presenta como un desafío o un misterio a resolver, no como una verdad absoluta.
Este enfoque tiene fuertes lazos con la Pedagogía Crítica (como la de Paulo Freire). En este contexto, la enseñanza busca que el alumno identifique las estructuras de poder y opresión en su sociedad para poder transformarlas. La educación es, por tanto, un acto político y ético de libertad.
Hoy en día, el enfoque liberador es más relevante que nunca debido a la sobreinformación y las fake news. Un alumno "liberado" es aquel que posee las habilidades de alfabetización mediática y crítica para no ser manipulado por algoritmos o discursos simplistas.
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