domingo, 4 de enero de 2026

Redondo, Rouret y Puig-Espert: Tres destinos de la escuela republicana

La Segunda República Española (1931-1939) situó a la educación en el centro de su proyecto social. Para el nuevo Estado, los maestros eran "los luceros de la República", encargados de modernizar un país lastrado por el analfabetismo. Sin embargo, este compromiso con la pedagogía y la libertad de pensamiento convirtió a los docentes en uno de los colectivos más duramente perseguidos tras el estallido de la Guerra Civil. Las figuras de Rufino Redondo, Martí Rouret y Francisco Puig-Espert representan las tres caras de esa tragedia: el martirio, el compromiso político y el amargo camino del exilio.

Rufino Redondo: El Silencio del Fusilamiento

La historia de Rufino Redondo es el testimonio brutal de la represión inmediata en la zona sublevada. Durante los primeros compases de la Guerra Civil, Redondo ejercía su labor docente en un colegio de la zona de Cedeira (A Coruña). Su destino quedó sellado por su compromiso con los valores republicanos en una Galicia que cayó rápidamente bajo el control de las tropas de Franco.

Fue detenido en su propia aula, el espacio que debía ser de seguridad y conocimiento. Sin garantías procesales, fue sometido a un consejo de guerra sumarísimo, una fórmula judicial que buscaba la eliminación rápida de los "enemigos del Movimiento". Su vida segó frente a los muros del Castillo de San Felipe, en Ferrol, donde fue fusilado, convirtiéndose en un símbolo de la depuración del magisterio en el norte de España.

En el caso de Rufino Redondo, no hubo tiempo para expedientes administrativos complejos; se aplicó la depuración por la vía de las armas. En Galicia, al ser una zona que quedó bajo control sublevado casi desde el inicio, la represión fue "caliente" y directa.

  • El Proceso Sumarísimo: Su detención en la propia escuela de Cedeira cumplía una función ejemplarizante: aterrorizar al resto de la comunidad educativa. El consejo de guerra sumarísimo al que fue sometido carecía de presunción de inocencia. Las acusaciones solían basarse en "auxilio a la rebelión" (una ironía jurídica, pues los rebeldes eran quienes juzgaban) y en su supuesta influencia laicista sobre los alumnos.

  • La Pena Máxima: Su ejecución en el Castillo de San Felipe no solo acabó con su vida, sino que administrativamente supuso su baja definitiva en el escalafón docente "por fallecimiento", ocultando bajo un término burocrático lo que fue un asesinato político.

Martí Rouret: De la Escuela a la Acción Política

Martí Rouret encarna al maestro intelectual que dio el salto a la vida pública para defender el modelo educativo desde las instituciones. Formado en la Escuela Normal de Gerona, Rouret comenzó su andadura pedagógica en 1926 en Móra d’Ebre, trabajando en el Centro Instructivo Democrático, un espacio que ya vaticinaba su alineación con los valores de la Ilustración y la participación ciudadana.

Su carrera no se limitó a las aulas; fue un activo militante político (llegando a ser una figura clave en Esquerra Republicana de Catalunya). Tras el colapso de la República en 1939, se vio forzado a cruzar la frontera francesa. Aunque Francia fue su primer refugio, la inseguridad en Europa lo llevó a cruzar el Atlántico. Se asentó definitivamente en México, país que acogió con generosidad el talento del exilio español, y allí falleció, lejos de la Cataluña por la que trabajó.

Para Martí Rouret, la depuración fue administrativa y política, resultando en la muerte civil dentro de España. Al ser un perfil con alta carga política en Cataluña, su expediente fue gestionado por la Comisión Superior Dictaminadora de Expedientes de Depuración.

  • Inhabilitación Permanente: Al huir a Francia y posteriormente a México, el régimen le aplicó la sanción de separación definitiva del servicio y baja en el escalafón. Esto significaba que, si regresaba, no solo no podía ejercer, sino que sus bienes podían ser incautados y él mismo procesado por la Ley de Responsabilidades Políticas.

  • Sanción por "Desafecto": En su expediente pesó su vinculación con el Centro Instructivo Democrático de Móra d’Ebre. El franquismo consideraba que cualquier maestro vinculado a centros democráticos había "corrompido" el espíritu nacional, lo que justificaba su borrado total del sistema educativo español.

Francisco Puig-Espert: Humanismo y Resistencia en el Aula

Francisco Puig-Espert representa la excelencia académica puesta al servicio de la educación pública. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Valencia, su perfil era el de un intelectual completo: amplió estudios en Nápoles y fue una pieza clave en la investigación científica al participar en la fundación del Laboratorio de Arqueología de la Universidad de Valencia.

Su labor fue polifacética:

  • Inspector de Enseñanza: Veló por la calidad del sistema educativo en Valencia.

  • Director en Elche: Entre 1937 y 1939, en plena guerra, asumió la dirección del centro de secundaria de Elche, donde impartió Geografía e Historia, tratando de mantener la normalidad académica bajo los bombardeos.

Al igual que Rouret, la entrada de las tropas franquistas en Elche marcó el fin de su labor en España. Logró escapar de una captura segura y se exilió en Francia, engrosando las filas de los intelectuales que perdieron su patria pero conservaron sus principios.

El caso de Puig-Espert es paradigmático de la persecución a la élite intelectual. Su labor como inspector y director en Elche lo situaba como un objetivo de alto nivel para las Comisiones Depuradoras.

  • El Cargo de Responsabilidad: El hecho de haber sido Inspector de Enseñanza fue un agravante. El nuevo Estado consideraba que los inspectores eran los "comisarios políticos" de la República encargados de vigilar que no se impartiera religión. Por ello, la depuración contra él buscaba no solo castigarlo como maestro, sino como alto funcionario.

  • Incautación de la Labor Intelectual: Su labor en el Laboratorio de Arqueología de Valencia fue borrada de los registros oficiales durante años. La depuración de Puig-Espert incluyó la ruptura de su trayectoria investigadora. Su huida a Francia evitó que terminara en un campo de concentración o en una prisión (como el cercano campo de Albatera), pero el expediente de depuración se cerró en España con la prohibición perpetua de volver a pisar un aula o una institución cultural oficial.


El destino de estos tres hombres —el paredón de ejecución, el exilio mexicano y el refugio francés— resume el desmantelamiento de un sueño educativo. Redondo, Rouret y Puig-Espert no solo enseñaron letras o geografía; enseñaron a pensar. Hoy, su memoria es fundamental para entender que la historia de España se escribió también con la tiza de quienes creyeron que la cultura era la única vía hacia la libertad.

sábado, 3 de enero de 2026

La Asociación para la Enseñanza de la Mujer (AEM): Crónica de una Revolución Educativa en España (1870-1920).

La historia de la educación en España tiene un hito fundamental en el año 1870 con la creación de la Asociación para la Enseñanza de la Mujer (AEM). Este ambicioso proyecto pedagógico, liderado por el intelectual Fernando de Castro y Pajares, no solo buscaba ofrecer instrucción académica a la mujer, sino transformar su rol social, defendiendo su capacidad intelectual y su derecho a una formación integral y profesional.

Durante gran parte del siglo XIX, España se encontraba sumida en un notable atraso industrial y agrario. Este estancamiento económico alimentaba una mentalidad conservadora que no veía con buenos ojos la instrucción formal de la mujer, relegándola casi exclusivamente al ámbito doméstico y a una formación básica en "labores propias de su sexo".

Sin embargo, el panorama cambió drásticamente con la Revolución de 1868, conocida como "La Gloriosa". Este levantamiento dio inicio al Sexenio Democrático, un periodo de apertura y libertades sin precedentes. Uno de los pilares de este cambio fue el Decreto de Libertad de Enseñanza de 1868, que rompió el monopolio del Estado y la Iglesia en la educación, motivando a una élite de intelectuales y catedráticos a promover una sociedad más ilustrada y equitativa.

En este escenario surge la figura de Fernando de Castro, rector de la Universidad Central de Madrid, quien se convirtió en el principal valedor de la educación femenina. Castro, influenciado por el krausismo —corriente filosófica que defendía la armonía social a través de la educación y la igualdad de naturaleza entre hombres y mujeres—, entendía que la transformación de España pasaba inevitablemente por la cultura femenina.

Antes de la fundación oficial de la Asociación, Castro puso en marcha iniciativas precursoras:

  • Conferencias Dominicales: Charlas gratuitas sobre la educación de la mujer que tuvieron un éxito masivo.

  • El Ateneo Artístico y Literario de Señoras.

  • La Escuela de Institutrices: Este centro fue el verdadero detonante. Al ofrecer la educación más amplia del país para mujeres, demostró que existía una demanda real y una capacidad de aprendizaje que la estructura oficial ignoraba.

La AEM no solo innovó en qué se enseñaba, sino en cómo se enseñaba. Su metodología rompía con el aprendizaje memorístico imperante en la época, basándose en los principios de la pedagogía moderna:

  • Educación Integral: Se buscaba el desarrollo armónico de las facultades físicas, intelectuales y morales. No se trataba de acumular datos, sino de formar el criterio de la alumna.

  • Exámenes Rigurosos: Para garantizar el prestigio de sus títulos, las asignaturas del campo de las humanidades y las ciencias contaban con exámenes anuales, tanto orales como escritos, que ponían a prueba la comprensión profunda de los temas.

  • Fomento del Pensamiento Crítico: Las clases fomentaban el diálogo y la curiosidad, preparando a las mujeres para ser colaboradoras esenciales en la transformación de la sociedad.

El éxito de la Asociación fue posible gracias a la colaboración de los intelectuales más brillantes de la España del momento, muchos de los cuales formarían más tarde la columna vertebral de la Institución Libre de Enseñanza (ILE):

  • Francisco Giner de los Ríos: Amigo cercano de Castro y pieza clave en la docencia de la Asociación. Su visión de una educación laica y progresista fue fundamental para el desarrollo de las escuelas.

  • Concepción Arenal: Aunque su labor principal fue la reforma penitenciaria y social, su influencia y apoyo intelectual fueron constantes en los círculos que defendían la emancipación femenina a través de la cultura.

  • Gumersindo de Azcárate y Nicolás Salmerón: Catedráticos que aportaron el rigor académico y el respaldo institucional necesario para que la AEM fuera respetada en el ámbito universitario.

Fundada en 1870, la AEM nació con el objetivo de profesionalizar el futuro laboral de la mujer. Su estructura académica fue sumamente innovadora para la época, agrupando diversas escuelas bajo una misma visión pedagógica.

La Asociación ofrecía un itinerario completo que abarcaba desde la infancia hasta la formación técnica:

  1. Escuela de Institutrices: La joya de la corona. Formaba a las futuras educadoras con un plan de estudios de tres años. Servía como lanzadera para optar a estudios universitarios, algo revolucionario entonces.

  2. Escuela de Comercio: Contaba con un ambicioso plan de estudios de dos años, orientado a dotar a la mujer de independencia económica a través de la gestión mercantil.

  3. Escuelas de Primaria, Preparatoria y Secundaria: Un sistema escalonado (Primaria de 6 a 10 años, Superior de 10 a 15) que preparaba a las alumnas para el ingreso en las escuelas profesionales de la Fundación.

  4. Secciones de Idiomas, Música y Arte: Espacios donde se ampliaban conocimientos en disciplinas artísticas y lingüísticas, reforzando el carácter cosmopolita de la formación.

A lo largo de su historia activa, aproximadamente 6.000 alumnas pasaron por sus aulas, rompiendo barreras y demostrando que la mujer no era inferior en capacidad intelectual. Despertó un interés genuino de las mujeres por sus propios estudios, empoderándolas como sujetos activos de su propia historia.

La Asociación se mantuvo como el motor de este cambio hasta la década de 1920. Trágicamente, durante la Guerra Civil Española, la institución fue saqueada. No obstante, tras el conflicto, logró reabrir sus puertas reconvertida en un colegio de barrio, manteniendo viva la llama del compromiso con la cultura que Fernando de Castro prendió décadas atrás.